domingo, 2 de marzo de 2008

Restauración San Ignacio Miní

El pórtico de la iglesia: una deuda de la restauración de San Ignacio Miní
Autor: Arquitecto y Doctor en Historia Norberto Levinton

Estamos perdiendo elementos-partes del significado arquitectónico de la iglesia de San Ignacio Miní. Fundamentalmente en lo que se refiere a la experiencia del espacio en un importante sector. Me refiero a la escalinata de ingreso por la cual los indios se trasladaban hasta el pórtico del templo. Al desaparecer se ha perdido la idea clásica del crepidoma (base o pedestal). Este era el elemento básico para resolver la contradicción entre la irregularidad efectiva del sitio (condición topográfica) y la horizontalidad de la estructura básica de la iglesia. Los escalones constituían una serie de planos horizontales, relacionados entre sí; hoy lo que queda aparece confundido con el terreno. Por otro lado este tramo de acceso al templo le proponía a los indios otra sensación. Era el efecto movimiento, uno de los principios del estilo barroco. Impelía a subir. Se trataba de una inmanencia vertical diferente a la del gótico. Iba creciendo y terminaba por imponerse sobre las líneas horizontales. Después del pórtico el recorrido de la nave alargada los llevaba hacia la luz de la cúpula que atraía todo hacia sí. La escalera hoy no existe pero todavía estaba a fines del siglo XIX. En 1895 Juan B. Ambrosetti escribe: “la escalinata que daba acceso al templo se halla cubierta de escombros y vegetación”. El agrimensor Juan Queirel la dibuja en un relevamiento de planta realizado en 1899. Relativamente, poco tiempo después, en 1904, el Padre Vicente Gambón explica la razón de la desaparición del elemento arquitectónico: “saltando entre los montones de piedras que están delante de la fachada y que deben ser las de la escalinata por donde se subía al templo nos detenemos delante de la puerta principal”. Quizás el autor de esta demolición haya sido un buscador de tesoros; allí existía la tumba de un jesuita. El crepidoma tenía en la arquitectura griega al menos tres escalones. Hoy no queda ninguno.
De manera análoga podemos interesarnos por el pórtico de acceso. Era un lugar semicubierto y columnado situado ante el edificio y adosado a él. La desaparición de la escalera ha borrado las posibles huellas de columnas. No hemos encontrado documentación fehaciente sobre su presencia pero Cardiel dice que “todas las iglesias tienen un gran pórtico que coge todo su ancho”. Para el concepto basilical paleocristiano, subyacente en estas iglesias misionales, el pórtico era funcional para diferenciar jerárquicamente a los cristianos de los neófitos. Por eso el pórtico o nártex servía para que esperaran afuera en determinadas partes del oficio.
La iglesia de San Ignacio Guazú, terminada hacia 1694, tenía pórtico y fue el inicio de una serie tipológica de varias iglesias. Entre ellas la de Santa Ana, que tenía pórtico, y la de San Ignacio Miní. Una foto de 1928 de la iglesia misional de Santiago muestra la gran altura del sobresaliente techo a dos aguas, lo que posibilitaba la admiración de cualquier escultura ubicada en los nichos de la fachada.
La obra del Arquitecto Oneto merece todo nuestro agradecimiento. Continuar su trabajo sólo nos permitiría facilitar el conectarnos con el pasado
“a través de una imagen que relampaguea”.