sábado, 22 de mayo de 2010

“Un aporte para la datación cronológica de las ruinas de las Misiones Jesuíticas"

Resumen:
Las ruinas de los pueblos misioneros muchas veces han sido estudiadas como si hubieran sido construidas en un solo día. Entendemos que los trabajos de arqueología histórica deben prestar un servicio a las restauraciones diferenciando claramente la datación de los elementos arquitectónicos que vayan apareciendo. De esta manera realmente se podrá hablar de las huellas de un pueblo jesuítico-guaraní. A su vez lo pos-jesuítico deberá ser identificado de tal manera que cualquier visitante pueda configurar una interpretación del proceso histórico posterior del sitio. Este sería el servicio de la arqueología histórica entendida como el resultado de la interacción entre la arqueología, como exhumadora de restos materiales, y la investigación histórica, como contribuidora de documentos escritos.
Palabras claves: cales, resistencias, construcciones, trazas.
Abstracts:
The ruins of the missionary villages often have been studied as if they had been constructed in the alone day. We understand that the works of historical archaeology must give a service to the restorations differentiating clearly the datación of the architectural elements that are appearing. Hereby really it will be possible speak about the fingerprints of a Jesuitical - Guarani village. In turn the pos-Jesuitical thing will have to be identified in such a way that any visitor could form an interpretation of the historical later process of the site. This one would be the service of the historical archaeology understood as the result of the interaction between the archaeology as exhumer of material remains, and the historical investigation, like contribution of written documents.
Key words: limes, strengths, constructions, plans.





Introducción

El objetivo de este trabajo es señalar la existencia de restos diferenciados de materiales aglomerantes existentes en las ruinas y, de manera análoga, el hallazgo de cierta documentación específica que puede ser implementada como proveedora de información fundante para la datación cronológica. En los casos analizados de la arquitectura distinguiremos las construcciones realizadas totalmente ad-novo de las que partieron de los límites prefijados por el ex-colegio de los jesuitas o por alguna de las tiras de las viviendas de los indígenas.
Destacaremos estos cambios en Yapeyú, La Cruz y Santo Tomé donde, en la época pos-jesuítica, se realizaron hospitales por haber nuevos métodos de curación de la enfermedad de la viruela. Asimismo en función de que estos Pueblos estaban ubicados en una zona de frontera con potencial conflicto bélico desde 1801[1], también se realizaron construcciones militares.

1-La significativa presencia de determinados aglomerantes

En un trabajo de Pifferetti y Bolmaro se intenta proponer una revisión sobre el uso de la cal en el Pueblo de Santa Ana. Entendemos que el intento es valioso pero que arriba a un resultado confuso debido a la complejidad de poder discernir claramente la cuestión temporal y la calidad en los tipos de cal utilizados. Esto es un problema que abarca a la totalidad de las construcciones de las Misiones Jesuíticas.
Una de las cuestiones fundamentales para poder dilucidar estas cuestiones es definir cuando se empezó a utilizar cal en las construcciones misioneras. Hasta ahora no hubo precisiones al respecto pero al respecto sostenemos que hubo, de compleja determinación de lindes, una primera etapa que tenía una estructura de horcones de madera y cerramientos de tacuaras, tacuarillas y empleites de hojas de palmeras; una segunda etapa, de barro, con los pueblos más estabilizados en sus asentamientos con una estructura de horcones de madera y como sistema de cerramiento el llamado estanteo con barro y encofrados perdidos de madera; una tercera etapa de horcones y ladrillos de adobe; una cuarta etapa de horcones con fundaciones para los muros con piedra hasta 0,80 m de altura y paredes de ladrillos de adobe y finalmente, antes de 1690, una quinta etapa con un sistema de horcones con muros de cerramiento con piedras irregulares acomodadas con ñaú y piedras más pequeñas. Para analizar esta última etapa sugerimos la lectura de un trabajo nuestro sobre la arquitectura practicada cerca de 1670/1680 en San Ignacio Miní[2]. Insistimos sobre la importancia del tema de la cronología, definiéndola desde la arqueología histórica, como central para distinguir una tipología constructiva de otra y por ende, una época de otra. Aparentemente los Idóneos de Obra, responsables hasta la llegada de los arquitectos hacia 1690 de todas estas etapas, no usaron cal de ningún tipo. Podrían haberlo hecho, ya que actualmente todavía existen concentraciones de caracoles en zonas cercanas a Santa Ana y se utiliza la palabra caracol en guaraní para designar una zona del río (Jatytay), pero no hemos encontrado ninguna mención en las fuentes. Además, al ser blanqueado, el mantenimiento de los muros de barro hubiera sido complejo, debería haber exigido una gran constancia.
Seguramente la presencia de los arquitectos implicó una mejor calidad en las construcciones y se debió intentar la aplicación de revoques cuando los muros tuvieron una terminación más adecuada para recibir los apliques. Me refiero al corte y al pulimento de las piedras. Es decir que hablamos de una sexta etapa de piedras para la construcción entendidas como sillares.
Pero esto sigue siendo una problemática secundaria con respecto a la cuestión del uso de la cal como material estructural. El trabajo de Pifferetti y Bolmaro sólo puede indicar el uso de cal para revoques. Esto no constituye una novedad porque sólo con haber leído a Cardiel es posible tomar conciencia de este uso[3].
La Iglesia del Pueblo de San Miguel, la primera obra susceptible del requerimiento de cal de uso estructural, sabemos que no contó con ese material con ese destino. Seguramente sus muros, de piedras recortadas en forma pareja y de terminación pulida, recibieron algún tipo de enlucido pero la falta de cal de uso estructural impidió la construcción de una bóveda de ladrillo o de piedra.
En la siguiente obra, destinada como la anterior a resolver un tema de resguardo de la frontera y por lo tanto susceptible a ser completada la cubierta con una estructura de piedra o de ladrillos cocidos, encontramos antecedentes para mencionar una séptima etapa.En 1745 se pidieron 1000 fanegas de cal al Oficio de Santa Fe destinada para la obra de la Iglesia del Pueblo de Trinidad[4]. Se trató de cal traída desde La Bajada y por lo tanto, debido a la exigencia estructural, debió ser de procedencia de piedra caliza. La cuestión es que para terminar esta construcción, debido al costo de la cal traída desde La Bajada, se intentó utilizar cal procedente de canteras de piedras calizas ubicadas en sitios próximos a la obra pero el resultado distó de ser el óptimo.
Esta iglesia sufrió varios derrumbes por la falta de cimientos adecuados a la resistencia del terreno y por la escasa resistencia de la cal utilizada.
Entretanto, todas las veces que se dio por sentado que se había encontrado una cal apta para el uso estructural las obras tuvieron problemas de diverso tipo o se dejaron inacabadas[5].El conflicto entre Trinidad y Jesús por la Calera de Itaendy, hacia 1761, señala la existencia de una cantera que podría haber surtido a la construcción de las iglesias de ambos pueblos. Sin embargo, el derrumbe de la iglesia de Trinidad, la construcción de una iglesia de escaso vuelo para reemplazarla y el lento avance de la obra de Jesús permiten suponer la dificultad para conseguir buena cal. Hasta ahora no hemos encontrado documentación que mencione la explotación posterior a la expulsión de los jesuitas de la Calera de Itaendy y, al contrario, para su utilización en Asunción se seguía trayendo cal desde La Bajada.
Cardiel afirmó en el destierro, en un escrito de 1771:
“No se halló cal en aquellos países ; y por eso se halló este modo de fabricar. Las dos magníficas iglesias que dije son de piedra de sillería hasta el tejado y son las de San Miguel y la Trinidad las hizo sin cal un hermano Coadjutor, grande arquitecto y esas no pilares, sino que están al modo de Europa y todo se blanquea muy bien”[6].
Otro escrito de Cardiel, correspondiente a 1780, dice referente a la ciudad de Asunción:
“Cal no la hay, o no se han amañado a hacerla, pues hay piedras y peñascos de varias especies, y algunos serán de cal[7].
El Teniente de Gobernador Doblas, en 1785, aseguró que
“De los renglones más necesarios a la conservación y comodidad de los hombres, sólo faltan dos en esta provincia, que son la sal y la cal: del primero es preciso abastecerse de Buenos Aires o del Paraguay, y el segundo se suple, para blanquear las iglesias y habitaciones, con caracoles grandes calcinados, que los hay en los campos con mucha abundancia, y de ellos se hace exquisita cal: pero esta sólo alcanza para blanquear y no más”[8].
Azara, alrededor de 1793, expresó
“No tengo noticias de canteras de piedra de cal sino de las que hay en las barranqueras de los ríos Paraná y Uruguay en el paralelo de 32 ° y otras en algunas de las serrezuelas de Maldonado. Parece que la del Paraná es una piedra compuesta de conchas marinas aun no bien marmolizadas, que tienen arcilla en muchos de sus intermedios, de donde viene ser su cal de inferior calidad. Las piedras de cal del Uruguay no lo parecen a primera vista ni tienen conchas ni se asemejan al mármol y tampoco dan más que mediana cal. Las que he visto de Maldonado son más pedruscones, como cántaros y tinajas, de mármol blanquizco con el grano fino y se encuentran sin unión unos con otros entre dos muros de pizarra común; dan una cal sobresaliente. También hacen cal de inferior calidad en Buenos Aires de algunos bancos de cochitas fluviales. Aunque yo no conozca otras caleras, es de esperar que el tiempo y la necesidad las descubrirán[9].
La cuestión es que posteriormente a la expulsión de los jesuitas apareció puntualmente la cal, siempre extraída de lugares ad-novo .
En 1793 se compraron para la obra de la iglesia del Pueblo de San Miguel 5000 fanegas de cal (alrededor de 180.300 kg) para abastecer la obra de recomposición del edificio, que venía de una cantera cercana a Santa Tecla[10].Encontramos otras menciones de caleras cercanas a Yapeyú y a La Cruz pero ninguna tuvo una explotación de cierta continuidad.
El Ingeniero Vera Vierci, contemporáneamente, tras un detallado estudio informó sobre la Iglesia de Trinidad que para la construcción de los muros se utilizó como mortero la arcilla del lugar, a la que se le agregaba, para darle porosidad, algún tipo de material orgánico. Esta porosidad apresuraba el secado y consiguiente endurecimiento de los morteros arcillosos.
En el caso de la construcción de las bóvedas, derrumbadas tres veces, dice que fue utilizada la cal en el mortero. El crucero de la iglesia de Trinidad estaba cubierto por una bóveda totalmente construida con ladrillos de campo, de dimensiones generosas. Pero afirma que la mezcla utilizada era arcilla con algo de arena y un porcentaje de cal de aproximadamente 15%[11].Por lo que nos permite suponer que la dificultad de contar con una cal útil para ser utilizada estructuralmente persistió hasta muchos años después, bien entrado el siglo XIX.

2-Documentación sobre construcciones pos-jesuíticas

Cuando se produjo la expulsión de los sacerdotes de la Compañía de Jesús hubo cambios cualitativos en la mayoría de los edificios de la planta de los pueblos. En el caso del Colegio pasó a ser la residencia de los Tenientes de Gobernadores, de los Curas, de los Maestros, los Sangradores y de los Administradores. El Cabildo pasó a tener más predominancia y las viviendas de los corregidores tuvieron mejor ubicación y mayor tamaño. La escuela de español se ubicó afuera del Colegio y varias de las actividades productivas que se desarrollaban en el segundo patio pasaron a realizarse en el interior de galpones ubicados en la periferia del pueblo. Se le dio mayor importancia a los telares lo que significó un sitio especialmente dedicado para la producción de lienzos.La cuestión de la aparición de la inoculación de cepas para el tratamiento de la viruela permitió la construcción de hospitales dentro de los pueblos y la situación permanente de guerra con los portugueses incitó a la construcción de defensas y recintos para el alojamiento de los soldados. Inclusive la reconstrucción de amplias zonas de los pueblos impulsó la reforma de algunas tiras de viviendas, como en el caso de la sede del cabildo y de la vivienda del Corregidor.
La comprensión de estos cambios es fundamental para ofrecer al visitante una reproducción más fiel de la experiencia del espacio en la etapa jesuítica. Desde nuestro punto de vista es necesario diferenciar claramente una época de la otra estableciendo claras delimitaciones de los tipos constructivos que tenían que ver con cada uno de los contextos históricos.
En el caso del Pueblo de Santo Thomé, hoy prácticamente destruído, en 1784 había una Casa para la Escuela de Música, generalmente integradas en la época jesuítica a los Colegios. Asimismo el inventario habla de Cárceles Reales de Hombres y mujeres, no podemos precisar si estaban o no incluidas en los antiguos Cotiguazú[12].
También en Santo Thomé, en el inventario de 1794 aparece un hospital de 10 catres, seguramente con las instalaciones complementarias. En el inventario del año 1799 se completa la descripción: “un Hospital que se halla actualmente concluido con dos salas capaces y sus oficinas afuera en un cercado de postes y estado de techo de paja y el dicho hospital de teja”[13]. A su vez la Casa Capitular tenía 4 escaños, o sea bancos con respaldo para varias personas. Evidentemente se trataba de un espacio considerable ya que contenía el Real Estandarte con las Armas de S. M., dos escudos (uno de plata y otro de metal) con las Armas de S. M. y el Archivo con los papeles y los mapas que delimitaban las tierras de la comunidad[14].Es interesante la mención en otro Inventario de este Pueblo, correspondiente a 1798, de “la Casa de Cabildo unida, como queda referida, a las hileras antecedentes” [15].
En el caso del Pueblo de La Cruz, durante el año 1801, se realizaron una gran cantidad de obras que ciertamente debieron cambiarle su fisonomía en varios aspectos, no podemos precisar los alcances de las nuevas trazas, la conformación del antiguo asentamiento. Describe el Administrador
“(…) lo que se ha invertido en las obras nuevas que se han levantado en este Pueblo en el tiempo que obtengo la Administración de él, cuyas obras se han levantado con la Dirección del Maestro de Carpintero Don Miguel de Arquía (…) Una cuadra en la plaza que se compone de dieciséis habitaciones inclusas sus cocinas con ciento y diez varas de cimiento de piedra, sus paredes de adobes, buenos enmaderados con sus correspondientes puertas y ventanas y buenos techos e igualmente corredores de cuatro varas de ancho y sus pilares de piedra (…) otra dicha en la misma plaza que se compone de doce habitaciones con paredes de adobe y unos corredores como arriba se refiere (…) otra dicha en medio del pueblo sin corredores (…) otras tres cuadras dichas en medio del pueblo que forman cuadro y se componen de treinta y cuatro habitaciones y con trescientos treinta varas de cimientos de piedras, sus correspondientes pilares de idem y corredores por uno y otro lado con sus buenos enmaderados, puertas y ventanas de cedro y sus buenos techos de teja (…) otra dicha hecha en el colegio que se compone de dos almacenes y cuatro salas con doscientas cuarenta varas de cimiento de piedra, sus buenas paredes, enmaderados, puertas y ventanas y sus corredores con pilares de piedra labrada y un portón en medio (…) Por cuatro cuartos que se han hecho en el patio del colegio que se componen de cincuenta y cuatro varas de cimiento, su buena portada y portón de madera con sus pilares de piedra (…) por una cocina que se ha hecho en el colegio (…) sala que sirve para vivir veinte personas que se ocupan diariamente en el obraje de tejas, ladrillo y adobe con sus correspondientes puertas y ventanas y sus corredores con pilares de piedras y cimientos de lo mismo (…) un horno que se ha hecho para cocer tejas y ladrillo contiguo a la misma capilla “[16]
Con respecto a Yapeyú el Virrey Avilés ya había advertido la situación ruinosa de la iglesia que había sido restaurada hacia fines del siglo XVII[17]. La situación era compleja porque a este pueblo ya se le habían sustraído sus tierras de la Banda Oriental y en ellas se encontraba una Calera para la fabricación del material necesario para las obras[18]. Sin embargo en las Cuentas del Administrador correspondientes a 1802 se incluye
“El Colegio en el que se ha reedificado en el presente año todo un ángulo de él con 50 varas de longitud de ladrillo cocido[19]”.
Asimismo el 4 de febrero de 1803 el Teniente de Gobernador Láriz le participa al Virrey del Pino sobre la realización de otra construcción en Yapeyú:
“Pongo en noticia de Vuestra Excelencia haber construido una sala de Armas de la Figura de un octógono irregular; cuya disposición guarda el orden de Arquitectura con una decoración sencilla y en ella se han colocado las Armas de fuego y blancas que existen en este Departamento con la mayor simetría y uniformidad coronando toda la cornisa con las Bayonetas; pero como dichas armas se hallan todas llenas de orín y algunas también descompuestas, convendría que un Armero las recorriese”[20].
Volviendo al análisis del proceso de cambio del Pueblo de Santo Thomé podemos mencionar que el 7 de junio de 1806 el Teniente de Gobernador Láriz escribe al Virrey Sobremonte sobre la necesidad de un espacio destinado a alojar a los soldados:
“Exmo. Señor
En cumplimiento de la propuesta que hice a Vta. Exa. de que podrían habilitarse para Cuarteles los segundos Patios de los Colegios de los Pueblos donde debía residir la tropa que cubre esta frontera del Uruguay y que V. Excelencia se sirvió aprobar mi pensamiento, en 10 de mayo del año próximo pasado, y sin embargo de que este carecía de segundo patio, he concluido el cuartel en este Pueblo cuyo edificio tiene 68 varas de frente todo de piedra, que he recogido de algunas ruinas de dicho Pueblo, y se ha ejecutado con la mayor solidez, aseo y buen compartimiento. Las ventanas con sus rejas de fierro, sus tameros bien colocados; dos calabozos con sus correspondientes prisiones y contiguas al citado Edificio, dos cocinas bastante capaces, de modo que se hallan en el referido Cuartel”[21].
Esta novedad es confirmada por otra carta que intenta atribuirse el mérito de la misma obra. El 18 de julio de 1806 el Gobernador del Paraguay y de las Misiones Bernardo de Velazco le notifica al Virrey Sobremonte que
“(…) al tiempo de mi visita en el Pueblo de Santo Thomé encontré la tropa acuartelada en un galpón que no tenía un Pié defendido de la intemperie y de las aguas, las armas con este motivo destruidas y soldados con la libertad de vivir y dormir fuera del cuartel, abandonados a una total indisciplina, en vista de todo y ser aquel Pueblo la situación en que deben acuartelarse con mayor ventaja las tropas destinadas al servicio de aquella frontera, determiné la construcción de un Cuartel cuyo punto traté con mi Subdelegado Don José de Laríz dejándole detallada y encargada la obra, bien satisfecho que trataría con igual celo e interés (…) de proporcionar los medios de ejecutarla con el menor costo posible, como lo ha verificado avisándome hallarse dicho cuartel acabado y colocadas en él la Compañía de Corrientes y la del Escuadrón de Yapeyú a sueldo con proporción de buen acomodo para otra Compañía, aunque no he visto dicha obra concluida hallándome enterado del trabajo que allí se ha hecho y dejé detallado”[22]
Como hemos visto, hubo cambios en la antigua traza de los Pueblos Jesuíticos y la arqueología histórica debería hacerse responsable de una nítida diferenciación que permita una experienciación más enriquecedora a los visitantes de las ruinas.

3.Conclusiones

Como dice Kern la complejidad del tema es lo que obliga a analizar mediante innumerables variables interdependientes los vestigios materiales del pasado junto con múltiples informaciones documentales escritas e iconográficas (Kern, 2002: 45). A esta concepción le agregaríamos que para ubicar esa complejidad en su justo punto es necesario poner en valor historiográfico la cuestión de las ruinas de tal manera de poder construir una fenomenología de cada elemento subsistente. Esto es procurar una diferenciación de los múltiples pasados planteando una búsqueda rememorativa de los 200 años de convivencia de la comunidad. Parafraseando a Platón sugerimos realizar la representación presente de cada una de las cosas casi ausentes. Se trata de configurar las imágenes necesarias para que cada visitante tenga una percepción de cada época vivida y no se quede con la primera frase mencionada en este texto sobre que todos los pueblos fueron construidos en un solo día. Actuar, como lo hacen los procesos de restauración actuales, creando elementos como los llamados “muros de ruina”[23] sólo produce una degradación de la memoria y una negación del objetivo esencial para el que debe servir la preservación de las ruinas como un patrimonio cultural de la humanidad.

























Fuentes
AGNA Archivo General de la Nación Argentina
Bibliografía
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FURLONG, G. Cardiel y su Carta Relación (1747). Buenos Aires, Librería del Plata, 1953.
FURLONG, G. José Sanchez Labrador, SJ y su Yerba Mate (1774). Buenos Aires, Librería del Plata, 1960.
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LEVINTON, N. San Ignacio Miní: la identidad arquitectónica. Buenos Aires, Contratiempo Ediciones, 2009.
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RICOEUR, P. La memoria, la historia, el olvido. Buenos Aires., FCE, 2010 (2000).
TORRE REVELLO, J.. Yapeyú. Buenos Aires, Instituto Nacional Sanmartiniano, 1958 VERA VIERCI, R. “Aspectos constructivos de la iglesia de Trinidad y proceso de destrucción de la misma”. In : En el Cauce del Tiempo…. Asunción, ARQUNA ediciones, p. 103 a 154, 1996.

Notas
[1] España perdió los siete pueblos de las Misiones de Indios Guaraníes ubicados al este del río Uruguay.

[2] Levinton, 2009.

[3] Furlong, 1953: . Cardiel en una Carta de 1747 : “aunque hay piedra en todas partes, toda es arenisca o de fierro, inútil para cal. Para blanquear las paredes hacemos la suficiente de caracoles grandes que en todas partes se hallan algunos. Muélense estos caracoles quemados y se les mezcla agua de cola de cueros blancos y con ella se da un blanqueo lucido a las paredes que por la cola no se pega a la ropa”.

[4]AGNA, Sala IX, 6-9-7 y Sala XIII, 47-3-5.

[5]Furlong, 1960: 28. Sánchez Labrador en 1757:
“Hallándome de Párroco en el Pueblo de los Apóstoles San Pedro y San Pablo (…) andaba yo con deseos de encontrar cal en sus inmediaciones. El fruto de mis diligencias fue que en unos zanjones profundos que habían hecho las corrientes de las lluvias en laderas de collados, se encontraron terrones de Tierra del grandor de huevos, algunos mayores, algunos menores. Los indios les impusieron el nombre de Ybí Morotí, por su blancura. Hice algunas pruebas. Salió bastantemente un buen suplemento de la cal”.


[6] Cardiel, 1989 (1771): 59. .

[7] Cardiel, 1984 (1780): 57.

[8] Doblas, 1970 (1785) :28
[9] Azara, 1793: 19.

[10]AGNA, Sala IX, 30-5-1. San Miguel, 12 de junio de 1793.(extraída de una Calera ubicada en las cercanías del Fuerte de Santa Tecla) (sobre el tema ver AGNA, Sala IX, 5-4-3. 15 de enero de 1791)

[11] Vera Vierci, 1996: 109.

[12] AGNA, Sala IX, 22-8-2. Santo Thomé 1784
Inventario de los bienes comunes
Primeramente cuarenta casas que forman el cuadro de dicha plaza y en ellas colocadas la Casa de Cabildo y dos Cárceles Reales de hombres y de mujeres.
Una Casa para la Escuela de Música con los Instrumentos siguientes: tres arpas, cinco violines, cuatro bajones, cinco chirimías, un clarinete, un fagot

[13] AGNA Sala IX, 22-7-7. Inventario de los Bienes que tiene la Comunidad. Santo Thomé, 17 de junio de 1799

[14] Ibidem., Inventario de Santo Thomé del año 1794

[15] Ibidem. Inventario de Santo Thomé del año 1798.

[16] AGNA, Sala IX, 34-3-2. La Cruz, 1801

[17] Avilés, 1945 (1801): 507 y 508.

[18] AGNA, Sala IX, 18-3-3. Yapeyú, 31 de agosto de 1803. El Cabildo de Yapeyú y su Cura dicen:
“(…) nos hemos propuesto los medios conducentes para re-edificar la Iglesia Parroquial que está por el suelo (…) a cuyo fin tenemos acopiado porción considerable de materiales (…) concurriendo en el Señor Don José de Lariz, Alferez retirado de Caballería del Real Cuerpo de Guardias de Corps los conocimientos de Arquitectura (…) como le nombramos para la dirección de la citada Iglesia “.

[19] AGNA. Biblioteca Nacional 190. Yapeyú: Cuentas del Administrador 1802

[20]AGNA, Sala IX, 18-3-3. Yapeyú, 4 de febrero de 1803. Carta del Teniente de Gobernador José de Láriz al Virrey Don Joaquín del Pino.Posteriormente el Virrey Liniers nombraría un Comandante General de Armas en los Pueblos de Misiones.

[21] AGNA, Sala IX, Legajo 18-3.4. Carta del Teniente Gobernador de Yapeyú José de Láriz al Virrey Marqués de Sobremonte

[22] AGNA, Sala VII, Col. A. Lamas, Legajo 2637.Asunción. Carta de Bernardo de Velazco al Virrey Marqués de Sobremonte.Desde el 12 de septiembre de 1805 Velazco fue nombrado Intendente del Paraguay con agregación de los 30 Pueblos de Misiones.

[23] Designamos como “muro de ruina” a los paramentos levantados mediante el uso de materiales modernos como cal o cemento y que debido al uso de estos materiales se convierten en estructuras autoportantes, una noción totalmente extraña a su concepción original.

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